L’aire de rien

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A la lejania

mars 2008

El hombre sentado al filo de su soledad mira a la lejanía con el libro de las reminiscencias entre las manos ajadas. Una sutil lágrima escapa por entre la comisura de su párpado derecho, hiriendo su mejilla terrosa. La siente, como aquel pétalo de dama que apenas ayer le recordaba que la felicidad existe, por instantes, aunque dure lo que dura la exhalación de un moribundo.
El tiempo pasa a su lado lamentando un yaraví, pero el abandonado no palpita, hundido como estaba en aquel pozo de brumas llamado yo mismo. Se diría que ha muerto, y que apenas un soplo de brisa del Este mueve su cabeza en señal de duelo infinito, en espiral, sin retorno. Hasta cuando, demente, vuelto de la nada ; como un capullo de mariposa, explota en una Hiroshima de sordos y grita su nombre sin voz, pero con el alma abierta de par en par. Eva, maldita Eva. Llevas en ti los hijos que no me has dado, por haberte parido en la mísera cortesana universal. Eva, crótalo tatuado en las naciones de pordioseros con ojos de perro verde, que has preferido el fuego en tu entrepierna a la tibieza de un manto azucena rozándote las entrañas. Sabor acre, visión monstruosa en medio de un duelo entre mancos, náusea de los saurios, madre de todas las zorras.

Ahora es el Nilo que corre por su cara y se pierde en la llanura frente a si. Su aliento ahogado clama por el rayo divino que lo parta en dos para dejar de sentir, hasta que choca con un recuerdo a la deriva que lo obliga a apretar las fauces hasta partirse los colmillos. Eva, mi buena Eva, hija de mi interior, ombligo en mi ombligo, caravana de almíbar, selva de labios. En ti me reconozco y hacia ti van mis despojos. Amada mia, en tu cofre deposité mi blasón e insignia, con la llave de tu cuerpo abrí la puerta de mi jaula dorada. Por tí inventé la oda perfecta, descubrí la melodía sublime, caminé hacia la hoguera en el óleo, cubrí la mansa noche de misterio. Mi Eva de carne y sueños, de luna perenne, de axila viva.
El hombre cierra sus ojos, toma entre sus manos ahora libres la corteza de coco en la que ha vertido láudano. Fué inminente. Se diría que ha muerto.

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